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Editorial Grijalbo - España,1977
320 páginas
Medidas: 12x19cm
Estado: 8/10, muy bueno
La autopsia de once asesinatos sin cadáver.
Una extraordinaria reconstrucción de un don Juan quincuagenario, de sus doscientas ochenta y cuatro mujeres y de la investigación que reveló su identidad.
Si Landru hubiera sido un hombre inteligente... cuando el comisario Dantel le preguntó: «Su profesión?», habría contestado:
¡Yo soy novio, señor comisario! Novio profesional... Don Juan sin amor, enamorado sin pasión, amante sin deseo, no he vivido más que para celebrar esponsales de plata»...
Así comienza Sam Cohen su «autopsia de once asesinatos sin cadáver». Un trabajo que reconstruye, con minuciosidad de benedictino, la más extraordinaria investigación criminal realizada para confundir al asesino más misterioso y demoníaco del siglo.
¡Landru! ¡El don Juan quincuagenario de las doscientas ochenta y cuatro mujeres, once veces asesino!
Landru, criminal fuera de serie, traficante minorista del asesinato, sólo pidió al crimen recursos para equilibrar su pequeño presupuesto familiar porque Landru era casado, padre de cuatro hijos, y estaba perfectamente imbuido del principio patriarcal-.
Es tan inmensa la desproporción entre las ganancias obtenidas por el monstruo y el número de crímenes, como su horrorosa ejecución, que algunos de los episodios de este magistral relato podrán antojarse increíbles.
Henri Désiré Landru, conocido como “el asesino de las viudas”, fue un criminal francés que actuó durante la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1919 seducía a mujeres solas —muchas de ellas viudas— mediante anuncios matrimoniales, ganaba su confianza, las convencía de vender sus bienes y luego las llevaba a una casa en el campo donde desaparecían sin dejar rastro. Se cree que asesinó al menos a diez mujeres y al hijo de una de ellas, destruyendo los cuerpos en una estufa para eliminar pruebas. Fue descubierto gracias a la insistencia de familiares de las víctimas y a un minucioso trabajo policial que encontró registros detallados de sus engaños. En 1921 fue juzgado en un proceso muy mediático en Francia, condenado a muerte y ejecutado en la guillotina en 1922, convirtiéndose en uno de los casos criminales más notorios de la Europa del siglo XX.
$13.500,00
Precio final: $12.150,00
Editorial Grijalbo - España,1977
320 páginas
Medidas: 12x19cm
Estado: 8/10, muy bueno
La autopsia de once asesinatos sin cadáver.
Una extraordinaria reconstrucción de un don Juan quincuagenario, de sus doscientas ochenta y cuatro mujeres y de la investigación que reveló su identidad.
Si Landru hubiera sido un hombre inteligente... cuando el comisario Dantel le preguntó: «Su profesión?», habría contestado:
¡Yo soy novio, señor comisario! Novio profesional... Don Juan sin amor, enamorado sin pasión, amante sin deseo, no he vivido más que para celebrar esponsales de plata»...
Así comienza Sam Cohen su «autopsia de once asesinatos sin cadáver». Un trabajo que reconstruye, con minuciosidad de benedictino, la más extraordinaria investigación criminal realizada para confundir al asesino más misterioso y demoníaco del siglo.
¡Landru! ¡El don Juan quincuagenario de las doscientas ochenta y cuatro mujeres, once veces asesino!
Landru, criminal fuera de serie, traficante minorista del asesinato, sólo pidió al crimen recursos para equilibrar su pequeño presupuesto familiar porque Landru era casado, padre de cuatro hijos, y estaba perfectamente imbuido del principio patriarcal-.
Es tan inmensa la desproporción entre las ganancias obtenidas por el monstruo y el número de crímenes, como su horrorosa ejecución, que algunos de los episodios de este magistral relato podrán antojarse increíbles.
Henri Désiré Landru, conocido como “el asesino de las viudas”, fue un criminal francés que actuó durante la Primera Guerra Mundial. Entre 1914 y 1919 seducía a mujeres solas —muchas de ellas viudas— mediante anuncios matrimoniales, ganaba su confianza, las convencía de vender sus bienes y luego las llevaba a una casa en el campo donde desaparecían sin dejar rastro. Se cree que asesinó al menos a diez mujeres y al hijo de una de ellas, destruyendo los cuerpos en una estufa para eliminar pruebas. Fue descubierto gracias a la insistencia de familiares de las víctimas y a un minucioso trabajo policial que encontró registros detallados de sus engaños. En 1921 fue juzgado en un proceso muy mediático en Francia, condenado a muerte y ejecutado en la guillotina en 1922, convirtiéndose en uno de los casos criminales más notorios de la Europa del siglo XX.